29 jul. 2011


¡Hay un elefante en mi cocina! 
      No, no estoy loca. Después de toda una noche sin poder dormir nada de nada (eran las seis y todavía no había podido cerrar los ojos) me he levantado a las dos de la tarde y, cuando me he decidido a preparar los macarrones con tomate, me dirijo a mi cocina (todavía yo despeinada y con los ojos medio cerrados) abro el mueble y... ¡Sorpresa!, allí estaba ese pequeño mamífero... entre mis macarrones. 
Imagináos mi cara de asombro al ver dicho espectáculo gratuito. "Sigo soñando, todavía no me he despertado", he pensado. Pero he agitado mi cabeza varias veces y ahí seguía ese elefante. ¿Cómo ha podido llegar semejante inquilino ahí, a mi cocina? o mejor dicho, ¡a mis macarrones! Lo he sacado inmediatamente del frasco, no me parece sitio para un elefante de su tamaño, a demás... puede que mi padre se asustara al verlo y... ¡para qué queremos más! Sería la excusa perfecta para que dejara de cocinar.
Cuando por fin he reaccionado, he puesto (con mucho cuidado) al intrépido animal sobre la encimera y, cuando he vuelto con una caja para él... ¡ya no estaba! He buscado por todos sitios, no ha podido ir muy lejos... He vuelto a mirar en el frasco de los macarrones, a ver si había vuelto allí, pero nada... ¡Ha desaparecido!
Me pregunto si me lo volveré a encontrar... Os mantengo informados. 
 Por cierto, el plato de comida que le he dejado a mi padre para comer ¡estaba vacío! Estoy segura que ha sido ese pequeño elefante ladrón. Me se de uno que ahora tiene tanta hambre que se comería un elefante...







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