16 abr. 2012


Quería escribir antes, pero he tenido una mañana agitadita. Me he sorprendido a mi misma porque me he despertado antes de que me sonara el despertador. Me he duchado y he ido al banco a ingresar dinero en la cuenta para comprarme ya, definitivamente, el disco duro de 2TB. Me urge desde hace meses y el mio ya no tiene solución el pobre. Cuando he llegado del banco, me he acordado que tenía la maleta a medio deshacer. Así que me he remangado y me he puesto mano dura. Me faltaba por colocar parte de la ropa y el neceser. ¿Cuál ha sido mi sorpresa cuando he abierto el neceser? ¡Volvía a estar ese elefante pequeño que un día encontré por mi cocina! Me pareció increíble como esa cosita pudiera estar ahí. ¿Qué hice yo? Tomé una foto, por supuesto. Le miré a través del objetivo, expuse la luz más adecuada, encuadré, enfoqué, disparé, miré la pantalla a ver cómo había quedado y, cuando levanté la vista para mirarle más de cerca, ya no estaba. Volvió a desaparecer. No sé qué clase de educación tendrá ese elefante, pero es muy descarado por su parte, andar en bolsitas de aseo de chicas. Estad alerta, aún no sé si es peligroso o no.




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